Y mucho después, murió a las 8.15

jueves, 7 de febrero de 2008

Capítulo 8. Maratón, segunda parte

Continuamos relatando el desarrollo de la maratón de Lost que allá por Octubre me hizo ganar un viaje al Pacífico. Como recordaréis, las primeras horas fueron tranquilas, aunque poco a poco empezaron a pesar.

La Primera Temporada siguió desarrollándose durante toda la tarde. Poco a poco entre la mayoría de los asistentes se fueron haciendo “grupitos”, en los que por supuesto no nos integramos. Nosotros estábamos allí para ganar un viaje, no para hacer amigos. Había gente para todo. Algunos se notaba que eran seguidores de la serie, aunque otros no la habían visto en su vida. Tres chicos de Bilbao que estaban detrás nuestro (y que, por lo visto, fueron los primeros en apuntarse al evento en la tienda física) pertenecían a este segundo grupo. Se pasaron gran parte del tiempo tomando notas (luego se vería que no las iban a poder usar). A destacar también una pareja apasionada que se pasaban más rato comiéndose la boca que viendo la serie. Estaba claro que ellos sí que habían ido sólo para ganar un viaje. Fue curioso además porque estaban sentados en primera fila, al lado nuestro, y cada dos por tres desaparecían. Y tardaban mucho en volver. Y yo mosqueado pensando que era imposible que aún les quedasen vales de descanso. Unas cuantas horas después descubrí que no desaparecían, sino que simplemente estaban de pie en la barra de la cafetería, que estaba detrás. Esta costumbre de estar de pie al fondo se fue extendiendo conforme pasaban las horas.

A media tarde, un par de personas desaparecieron misteriosamente, al parecer porque se encontraban indispuestas y abandonaron. Al llegar la noche, dos chicos fueron expulsados del concurso, al parecer por utilizar el móvil, que estaba prohibido. Por supuesto, todo esto nos llenaba de satisfacción contenida.

Es un buen momento para contar la gran estrategia que tenía planeada desde antes de llegar a Bilbao: sabía que la noche iba a ser larga y difícil, por lo que era buena idea intentar guardar la mayor cantidad de tickets de descanso para esas horas y poder salir, lavarme la cara, etc. Por ello, el plan era aguantar al menos hasta acabar el 1x07 (hasta media tarde) para hacer el primer descanso. Y aguanté hasta el 1x07. Y hasta el 1x16, también. Total, que se hicieron las diez de la noche y yo que aún no me había movido de esa silla. La sensación al levantarme fue… peculiar. El hormigueo en las piernas inicial fue seguido por un cierto mareo y un ligero (¡ja!) dolor de cabeza.

Esos fueron los momentos más duros, no la madrugada como había pensado sino el principio de la noche. Afortunadamente, la cena sentó bien y pude seguir en mi sitio. Las horas siguieron corriendo y al filo de las dos de la mañana llegamos al final de la Primera Temporada y al comienzo de la Segunda. La verdad es que la noche pasó bien, y eso que ni yo ni adriwankenobi tomamos ninguna sustancia inhibidora del sueño, como aparentemente el resto del mundo hizo. En serio, no sabía que el café no quitase el sueño, porque la gente lo pedía en la cafetería como si tal cosa y nadie decía nada. Las latas clandestinas de coca-cola (aunque el segundo día vinieron con la comida) e incluso de Red Bull (!) también hicieron acto de presencia. Supongo que los seguratas no se dieron cuenta porque eso sin lugar a dudas era motivo de expulsión. Un segurata en particular daba mucho miedito porque era clavadito a Mr. Eko. Y viendo a su alter-ego isleño dar mamporros al trío la-la-la en el 2x02, acojonaba tenerlo delante.

Bueno, que me disperso. Amaneció el segundo día (bueno, supongamos que amaneció, porque en la sala no había ventanas y el sol ese día no lo vimos) y llegó el desayuno: café o leche, a elegir, junto con un bollo que estaba muy rico. Por supuesto, cuando abrió la cafetería, todo el mundo menos nosotros y alguno más se lanzó ávido a por más cafeína. Pobrecicos.

Y entonces las horas empezaron a pasar muuy leentas. Una especie de jet-lag se apoderó de mi reloj biológico y lo volvió del revés: a la una parecía que debieran ser ya las cuatro de la tarde, y a las cuatro las ocho. Me empecé a reir del doblaje castellano (¿Pero qué paaasa?). Fui gastando regularmente mis tickets de descanso, ahora sí, y poco a poco fueron pasando los episodios. A media tarde ya, excepto unos pocos que resistíamos con los ojos clavados en la pantalla, todo el mundo pasaba del tema. Las conversaciones aumentaron de volumen (corría el rumor –o quizá me lo inventé yo, que puede ser- de que un grupo había estado dándole a la cerveza) y los episodios cada vez se oían menos. Finalmente, sobre las ocho de la tarde, comenzó Live Together, Die Alone, el último episodio que veríamos. Y todo el mundo se calló.

Hasta la fecha he visto ese episodio, mi favorito sin dudas de la Segunda Temporada, unas cinco veces. Y exceptuando la primera, nunca me había emocionado tanto. La emoción se palpaba en el ambiente, la anticipación de llevar allí 35 horas y saber que el final estaba cerca, el hecho de saber que muchos de los que estaban allí lo estaban viendo por primera vez…

“Creo que lo hemos encontrado”. Se acabó. Sobrevivimos. 35 horas después, tanto adriwankenobi como yo seguíamos despiertos.

El problema es que 30 personas más también.

Llegaban las rondas de preguntas.

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